22 de julio de 2016

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TEXTO-ELSA

“Gracias por todo lo que hacéis por nosotros sin vosotras saberlo”. Así se despedía uno de los internos del Centro Penitenciario Madrid IV-Navalcarnero en el fin de curso del Aula de Cultura de Prisiones. Un curso que, para mí, ha supuesto el primero -espero de muchos más- colaborando como voluntaria en Solidarios para el Desarrollo.

Han sido casi diez meses en los que todos, voluntariado e internos, hemos disfrutado de invitados como los melómanos y files al Aula de Cultura; Julio Barthe y Jesús Arnanz, quienes hablaron de música de los 80, de los festivales de la canción o de música de gasolineras; el fotógrafo Adrián Domínguez, quien nos mostró diferentes miradas de la fotografía social; los actores Javier Coll o Pilar Massa; el equipo de Da2, que repitieron con sus originales juegos de mesa; los conciertos de La M.O.D.A. o Soloh Mateo; el economista Aldo Ocese o el ex Ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, invitados gracias a Thinking Heads; Silvina Ribotta, que habló sobre derechos humanos y la pobreza en el mundo; los creadores de cine de animación Abraham López y Jorge Medina o el periodista de Noticias Cuatro, Miguel Ángel Oliver, quien cerró el Aula de Cultura en Navalcarnero poniendo en evidencia la casi inexistencia informativa en televisión de noticias sobre la vida y funcionamiento de las cárceles españolas por falta de interés para una gran audiencia que, al final, es la que manda.

Y es aquí cuando reflexiono y pienso: ¿Falta de interés para la audiencia o falta de acceso a una información completa que hace que las noticias que aparecen en los medios sean las protagonizadas por los internos únicamente como culpables de un delito y no también como personas cuyos derechos humanos son a veces vulnerados? Sea un motivo u otro, ambos me llevan a decir, bien alto, que se necesitan más actividades culturales como las que Solidarios organiza en prisiones desde hace más de 25 años. Que los internos necesitan esa conexión con la realidad de la que viven alejados. Necesitan conversar y que les escuchen. Necesitan expresar cómo están viviendo y las emociones que sienten en su rutina diaria, algo que, a la vez, sirve para que más personas conozcan la realidad carcelaria desde otra mirada.

Cada sábado durante este curso, he ido aprendiendo cosas que, muchas veces como ciudadana ajena a una cárcel, pasaban inadvertidas por mi cabeza, como la pérdida de visión a larga distancia que los internos sufren al tener horizontes marcados, el miedo a que la sociedad avance más rápido que ellos, la importancia de una mano en el hombro, el sonido de una risa familiar, una mirada de afecto, una conversación amable o los olores olvidados como la colonia.

Es un aprendizaje mutuo, enriquecedor y tierno. Interesante de por sí. Experiencias de su día a día que, semana tras semana van ocupando nuestras vidas. Palabras que te llenan. Historias que estoy segura (quizá me equivoque, no sé qué pensáis vosotros@s) a muchas personas, también les cambiaría.

En septiembre volveremos a encontrarnos y esas palabras iniciales solo pueden tener una respuesta: gracias a vosotros por hacernos ver y valorar la vida de otra manera.

Elsa Moya
Periodista y voluntaria de SOLIDARIOS en las Aulas de Cultura, en el Centro Penitenciario Madrid IV-Navalcarnero

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