Visita al Centro de Acogida San Isidro

Compatir en Facebook Compatir en Twitter Enviar por email Más...

GEDSC DIGITAL CAMERA

El centro de acogida para personas sin hogar más grande y antiguo de Madrid recibió la visita de 34 voluntarios de Solidarios para el Desarrollo, organización vinculada a la Universidad Complutense de Madrid.

Nos acercamos al Paseo del Rey número 34, cerca de la estación de Príncipe Pío, para conocer uno de los recursos que ofrece el Ayuntamiento de Madrid. Carmen García de Pablos, directora del centro y trabajadora social, nos mostró los servicios que este ofrece y cómo funcionan día a día.

Sorprenden las buenas condiciones del edificio, reformado en 2011. Cuenta con 269 plazas para pasar la noche, de las que actualmente 177 las ocupan hombres y 80, mujeres. El servicio también cuenta con tarjetas de día para personas que pueden disfrutar de todos sus servicios menos del dormitorio. A la entrada, cuenta con una puerta con control de seguridad.

Comentaba García de Pablos que “la mayoría se quedan aunque no mejoren su situación y no se suelen arriesgar a perder la plaza, por lo que suelen seguir las normas. Las personas que vienen saben que no somos un recurso finalista, hay que intentar favorecer la autonomía. Hay gente que está un día y gente que está 15 años, pero son casos aislados. La media es de aproximadamente de seis meses”.

Tras el control, una recepción que tiene trabajadores 24 horas al día. Más adelante, la directora muestra el ropero, donde dan calcetines, ropa interior y ropa donada. También cuentan con una peluquería, un botiquín, una sala con consignas, una sala de reunión, una lavandería y una sala en la que entran los usuarios cuando no llegan al centro en condiciones de valerse por sí mismos. Asimismo podemos encontrar un control, una sala para el aseo cuando alguna de las personas del centro no llega con la higiene personal necesaria para convivir con el resto de usuarios.

Al llegar a la sala de consultas médicas, uno de los enfermeros explica su trabajo y la dificultad que supone atender a personas que muchas veces no quieren o no se acuerdan de tomarse la medicación o de ir al médico de cabecera.

“Es como una asistencia sanitaria normal pero más organizada”, comenta la directora. Señala que en total hay 120 trabajadores contratados por el Ayuntamiento, “entre los cuales contamos con seis trabajadores sociales, dos psicólogos, un terapeuta, cerca de siete auxiliares de servicios sociales, dos auxiliares de clínica, una doctora y el personal de limpieza. También contamos con un periodista”.

Las habitaciones están divididas entre la zona de hombres y la zona de mujeres. Las más grandes cuentan con seis camas, algo que también nos sorprende a los voluntarios de Solidarios, que esperábamos habitaciones más masificadas. Las más pequeñas son de dos camas.

“Tienen mucha libertad para tener sus cosas a su gusto. Las mascotas están prohibidas aunque es un tema que hemos barajado muchas veces. No solemos permitir parejas porque hemos tenido muchos problemas de violencia de género, y lo que queremos es que la gente se quede aquí y salga adelante”, añade García de Pablos. En relación a la ocupación, la directora comenta que hay lista de espera.

“Todas las camas tienen nombre y apellido. El viernes tuvimos un fallecimiento y el sábado ya había otra persona en su lugar. Intentamos optimizarlas”, nos contó la directora.

Cuentan con dos habitaciones de siete camas cada una para la campaña de frío, que comienza a finales de noviembre, aunque en algunas situaciones se utilizan para los usuarios permanentes del centro. Por último, los voluntarios ven el salón de actos, las salas de televisión e informática, los talleres, un patio amplio, la cocina y el comedor.

La directora explica que es un lugar libre pero con normas, pues “un robo, una pelea, el consumo de drogas o alcohol o un trapicheo pueden llevarte a la expulsión”. También señaló que no han notado la crisis, ni a nivel de recortes presupuestarios ni en el número de personas que van a pedir asistencia: “estas personas no tienen hogar al margen de la crisis”.

Beatriz Rincón Córdoba
Voluntaria del programa de Personas sin Hogar