17 de febrero de 2026
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El sábado 14 de febrero nos acompañó al Aula de Cultura en prisiones en Campos del Río, Antonio Garrido, arquitecto técnico y doctor en filosofía, para hablarnos de filosofía y vida.
Los internos participaron activamente con sus preguntas y observaciones durante toda la mañana y el aula resultó ser un espacio muy estimulante para todos los presentes: voluntariado, internas e internos.
Tras su paso por el Aula de Cultura de Solidarios, Antonio nos deja esta crónica:
𝗜𝗡 𝗝𝗔𝗜𝗟
Hoy he tenido el privilegio de acercarme a un borde de la vida del que no tenía más noticia que algunas imágenes de los telediarios cuando algún miembro de la aristocracia política, social o económica no consigue eludir la acción de la justicia por alguna tropelía.
He estado en el Centro Penitenciario Murcia II situado en Campos del Río. Aparece en un páramo azotado por un viento de fuertes rachas que agitaba los arbustos e intentaba volarme la gorra. Se presenta con una arquitectura de galpones con concertinas en los lugares más insospechados. Predomina la dimensión horizontal como si quisiera expandirse sin tener ventanas al horizonte. Para no sufrir la pérdida involuntaria del sagrado móvil, lo he dejado en casa. En la taquilla se quedan las llaves de mi querida celda. Allí donde en vez de pérdida experimento riqueza y donde en palabras de Alejandro Moreno no necesito coraza. En el interior no se puede, razonablemente, tomar imágenes por lo que decido, yo que soy iconófilo, no echar de menos fotografiar la desolación física del lugar.
Cumplidos los trámites de rigor y traspasados los rastrillos (así los llaman) hemos llegado a un área amable con salón de actos, donde se oficiaba, por segunda vez en el día, misa católica. En una rápida visita he conocido la redacción de la dignísima revista «Aire Nuevo» y la exposición de algunos trabajos de los internos. Paso unos minutos confundido con ellos mientras mi anfitriona compartía con una persona la preocupación por su querida compañera, me dicen, enferma de gravedad. En esos momentos hay una experiencia de normalidad entre gente que viene a buscar alivio a las consecuencias de sus actos en el pasado. Nada indica en los rostros la gravedad de la pena asignada por la justicia.
Ya en materia, debidamente atendido por los ordenanzas socio-culturales, he dado mi charla ante un auditorio dispuesto en círculo en torno a la mesa y dispuesto en actitud. 25 internos e internas con una relativamente baja edad media. Quizás 35 años. Era mi segunda presentación de un tema filosófico desde que me jubilé hace nueve años y, desde luego, el primero en estas especiales circunstancias, pero notaba algo muy distinto a la indiferencia de otros actos de antaño. El acto ha tenido un formato muy ágil, pues, invitados los asistentes a interrumpir según tuvieran dudas, han ejercido ese derecho hasta el punto de disfrutar de una socrática sesión con cruces muy interesantes de argumentos, dudas y certezas.
Rostros serios, rostros serenos, rostros interesados todos. Alguno ya con cierta formación filosófica, todos con sus propias reflexiones ante la mera necesidad de explicar la vida, sus vidas y sus errores. Al final, se han acercado algunos de ellos con hambre suficiente para seguir mordiendo la manzana del conocimiento. Uno de ellos, dado que yo había presentado unos segundos de danza valsística en el Concierto de Año Nuevo en Viena me ha obsequiado con una espléndida 𝒑𝒊𝒓𝒐𝒖𝒆𝒕𝒕𝒆 debidamente ejecutada sobre un solo pie. Otro me contaba la experiencia que había tenido de relajación al escuchar reflexiones bien trenzadas y siempre en relación con la vida.
Le doy las gracias a Ángeles Carnacea, delegada en Murcia de Solidarios para el Desarrollo, por invitarme a esta experiencia vital. También a las voluntarias Rita de La Calzada que ha tenido la amabilidad de llevarme al centro con una conversación interesante sobre violencia de género y Zayra Morales junto con Tomás Franco, arquitecto, con el que he tenido una interesante charla de vuelta a Murcia sobre la condición humana en circunstancias difíciles. Todas ellas corazones generosos.
Antonio Garrido.
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