10 de agosto de 2026

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Así nos relata Ángeles Carnacea, delegada en la Región de Murcia, cómo ha sido el balance de este año en la actividad mantenida desde el 22 de junio y hasta el 28 de julio para acoger a personas sin hogar durante los momentos de máximas temperaturas del día.

Buscar cobijo y amparo ante un clima adverso, ante temperaturas que llegan a ser incompatibles con la vida. Encontrarlos rodeado de personas voluntarias que ofrecen la palabra, la mirada, la esperanza y el respeto a la diversidad como aliento.

Las ciudades, algunas más que otras, se están convirtiendo con la emergencia climática en islas de desasosiego, en lugares de los que huir ante las temperaturas extremas, que son una forma de intemperie. Ante la intemperie, desde Solidarios para el Desarrollo, un verano más, y ya van tres, hemos vuelto a facilitar un Refugio climático para acoger a personas sin hogar. Doble intemperie, la de verse empujado a vivir en el asfalto de las calles (y su ardor) y la de sufrir sus altas temperaturas.

Este verano el apoyo de la Concejalía de Bienestar Social, Familia y Salud de Ayuntamiento de Murcia ha sido muy importante, al igual que el de su equipo del SEMAS (Servicio de Emergencia Móvil de Atención Social) y el Centro Cultural y Social de La Paz, donde se ha acondicionado una sala espaciosa y grande que nos ha permitido contar con un espacio con agua fresca, galletas, donadas por el Banco de Alimentos del Segura, una pequeña biblioteca de libros donados por la Biblioteca del barrio de La Paz, la donación semanal de ejemplares del diario La Verdad y una zona con juegos de mesa. Lo mejor han sido las conversaciones y ver cómo cuidaban el espacio y se sentían seguros en él.

Desde el 22 de junio y hasta el 28 de julio (en agosto no abre el Centro cultural y social de La Paz por la tarde) las tardes de lunes y martes han estado marcadas por el encuentro y la acogida, algo que conocen muy bien las voluntarias y voluntarios de Solidarios. Y la sorpresa, una sorpresa que nos ha conmovido y sacudido: la edad de las personas que han acudido a encontrar refugio con nosotras y nosotros. Jóvenes, hombres en su mayoría, de entre 18 años recién cumplidos y 23, marcados por la migración temprana y por su paso por centros de protección de menores que se encuentran en situación de soledad, que no están acompañados. La falta de una red de apoyo hace que la incertidumbre y la inseguridad con la que viven sea mayor. En las conversaciones con las voluntarias y voluntarios han encontrado el consuelo que todas las personas necesitamos para vivir en sociedad, que el otro y la otra nos escuche, que se conmueva con el dolor de los demás.

Las 15 plazas diarias del espacio se han llenado prácticamente cada lunes y martes. Algunos días han llegado a pasar 18 personas. En total el Refugio climático ha tenido 161 asistencias, con una media por día de 13 personas. Han pasado 64 personas (63 hombres y 1 mujer) de las cuales muchas han acudido con asiduidad cada lunes y martes. De ellas, 59 han sido personas de origen extranjero de menos de 25 años.

En una de esas conversaciones atentas que han llenado las tardes de lunes y martes, Abdilah, uno de los jóvenes que han acudido al Refugio climático asiduamente, nos decía: “Me alegro de que me hablasen de este lugar. Aquí puedo encontrarme con mis compañeros y sentarnos a charlar y merendar sin estar todo el tiempo alerta, como un chico normal de mi edad”.

Crear un lugar seguro, donde no tener que estar en alerta, y confiar en las personas, eso hemos querido desde Solidarios para el Desarrollo.

… Y los tiempos de una existencia son reversibles.

 Enviar a la que sabe hacia aquella que no sabe.

                                                          Hacerse compañía.

CHANTAL MAILLARD

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