Eloísa

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Durante año y medio he compartido la tarde de los miércoles con Eloísa. Recuerdo cuando empecé que en la formación para el voluntariado comentaron que no es lo mismo “estar solo” que “sentirse solo”. Y tenían razón.

El primer día que conocí a Eloísa estaban ella y su marido metidos en la cama y tapados hasta arriba. Me dije: “¿qué estoy haciendo?” Pero en seguida vi lo rápido que agradecían unas risas y sonrisas y poder compartir sus preocupaciones.

Escribo hoy porque Eloísa falleció en el mes de febrero. Ha sido, es duro porque el voluntariado logró su objetivo: Eloísa ya no era la persona mayor que me habían asignado en el programa, Eloísa era mi amiga cubana, genio y figura, con la que pasaba las tardes de los miércoles.

Durante año y medio llegué a conocer a Eloísa y a Armando (su marido), aprendí sobre sus vidas, cómo habían llegado a España, su familia, sus amigos…

No siempre fue fácil. En el año y medio que compartimos hubo muchos momentos duros, muy duros. Pero también hubo grandes momentos. Al igual que yo me empeñaba en que Eloísa tenía que moverse, dibujar, realizar pequeñas tareas, dejar de ver tanta telenovela… (esto último nunca lo logré, pero os puedo contar la vida de todos los personajes); Eloísa me enseñó a mí: cocinamos juntas, hicimos estiramientos, arreglamos todas las radios que encontrábamos por la casa, aprendí refranes y más.

Eloísa fue una mujer con carácter, coqueta, fuerte y luchadora que se atrevió a decir que se sentía sola y que compartió su tiempo conmigo. Reímos mucho, a veces lloramos, pero sobre todo, nos acompañamos, aprendimos a entendernos y a querernos.

Es bonito ver los lazos que se crean en este tipo de programas, fue bonito sentirme parte de su círculo el día que se fue.

Es importante no olvidarnos de ninguno de ellos, de nuestros mayores.

Isabel Elguero
Voluntaria del programa de Acompañamiento a Mayores