Voluntarios sociales en acción

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Ojo con tirar al niño con el agua de la bañera. Hay que distinguir muy bien a las Organizaciones humanitarias formadas por personas responsables, generosas e independientes y que no pertenecemos a instituciones de otra índole que la de los auténticos voluntarios sociales de todo el mundo.

Que hemos comprometido parte de nuestro tiempo, de nuestra actividad y de parte de nuestro peculio, por pequeño que sea, que cada vez se fueron separando más de algunos monstruos del Asociacionismo social desmedido, en los que claramente han intervenido gobiernos, emporios de industrias y de entidades financieras o financiadas para lavar su imagen corporativa o auténticos bánksters para manifiestos excesos en la “política social de las empresas” con el a veces abusado invento de “Responsabilidad social de la empresa”.

Esta RSE, en mi opinión, consiste en mejorar los salarios e igualar las retribuciones de hombres y de mujeres que hagan las mismas tareas, que se mejores todo lo posible su formación, los idiomas, los conocimientos de nuevas tecnologías, las ayudas en la paterno/maternidad, los servicios médicos y de promoción, la enseñanza de sus hijos, las vacaciones, los aseos y condiciones de trabajo, la ayuda para fondos de pensiones y “regulaciones de plantilla” en una población cada vez con más años de vida.

Es esencial diferenciar las estructuras, actividades y “dependencias” de organismos económicos, políticos, financieros o de toda laya, repito, de aquellas organizaciones de la sociedad civil que podríamos enumerar por miles que dedican su tiempo, sus conocimientos, sus recursos y su entrega a remediar en parte los inmensos y criminales errores de sociedades capitalistas o totalitarias para intentar lavar su imagen.

Los auténticos voluntarios sociales se distinguen por haber transformado la compasión en compromiso social, no sólo por la profesionalidad y calidad acrisolada de su entrega sino porque han levantado bandera y se han alzado contra un sistema opresor, de explotación de seres humanos a los que “denominan” “recursos humanos” y a la explotación desconsiderada y suicida del medio ambiente; que parten de la hipótesis bastarda de los colonizadores de otros tiempos de que las riquezas naturales de cada región eran “recursos naturales” para los países y sociedades “más desarrolladas” según ellos.

Analicemos los hechos, las conductas, los controles del uso de los medios materiales y de las conductas de sus miembros voluntarios y de los contratados.

Me expreso y lo afirmo cono fundador, con un grupo de alumnos de la Universidad Complutense, de una organización social que nació en los Seminarios y Talleres de la Facultad de Ciencias de la Información de la U.C.M., con la comprensión, el estímulo personal y, más adelante, con locales y medios adecuados a su crecimiento para motivar a los universitarios, hombres, mujeres, profesores y personal PAS, hace bastante más de TREINTA AÑOS.

Estos, que vamos a conmemorar, son los de la inscripción en el Registro de sociedades) y no de los seminarios y Talleres, que dirigía para prepararlos con la ayuda de expertos en las diversas materias: deontológicas, sanitarias, sociales, al servicio de los más pobres y desheredados de nuestra sociedad.

Sólo después de conocer nuestra actividad en España, fuimos invitados por personalidades e instituciones de más de doce países de América en casas de otros estudiantes y profesores que nos ofrecían acogernos para que pudieran conocer nuestra forma de vida, común y corriente. Los viajes nos los hemos pagado siempre nosotros, hasta que llegaron los proyectos que requerían la contratación de expertos en agricultura, medicina, piscifactorías, microcréditos y un largo etcétera.

Desde antes de nacer Solidarios para el Desarrollo como ONG, en nuestros seminarios comenzamos a formar equipos para acompañar y atender a los presos porque un alumno de mis seminarios me pidió que no le fallase cuando entró a cumplir condena en el Centro penitenciario de Segovia, para lo que nos ayudaron muchísimo los consejos del jesuita P. Garralda, con su experiencia con los niños que vivían con las presas y con el resto de internos, gracias a su organización “Horizontes abiertos”.

Para este servicio, y después en el Cottolengo de Don Orione, en Pozuelo de Alarcón, y más tarde para visitar acompañar y atender junto con las Hijas de la Caridad, a enfermos del entonces desconocido síndrome SIDA, en el hospital Ramón y Cajal, en hospitales donde había personas que no recibían visitas de sus familiares, o de niños enfermos de cáncer con ayuda de otras asociaciones especializada.

Me admira que no se recuerde ni se le cuente a los nuevos voluntarios, que por las necesidad de médula ósea, la actividad y ayuda de una médico, la inolvidable Pilar Orenes, ya fallecida, del Hospital de Puerta de Hierro, conseguimos que muchos alumnos y alumnas, así como cada vez más profesores y PAS, pasáramos por las pruebas de idoneidad para ser donantes… que entonces, como no se conocía el sistema para conservarlo, cubríamos unas fichas con todos los detalles para poder localizarnos de día o de noche, en días de semana o en vacaciones cuando surgía un trasplante o una intervención sin donantes de médula que ellos conocían por el fichero que habían ido formando con nuestros datos y nos localizaban.

Ah, quiero recordar que entonces ninguno teníamos teléfonos móviles ni todas esas facilidades de que hoy dispone cualquier estudiante o profesor. Pasábamos controles y por si había habido alguna anomalía siempre nos volvían a hacer la correspondiente analítica para comprobar que estábamos en forma excelente.

Es curioso: ahora recuerdo que esa actividad humanitaria y generosa sin límites nunca la vi recogida en ninguno de los anuarios de la U.C.M. ni de otras facultades que conocían lo que hicimos, hasta que se pudo conservar la médula ósea o los componentes que necesitaban. Así es la vida, pero no nos quejamos, porque una vez más comprendimos que pueden los que creen que pueden, y a veces hicimos cosas porque no sabíamos que eran “imposibles”.

Hombres que durante años, los voluntarios que habíamos considerados aptos para ayudar en otros países, tuvieron que ir a las 6 de la mañana a las redacciones de ABC, de YA, de Arriba, de El País, El Alcázar… y de otros medios que nos regalaban cien ejemplares cada uno. Periódicos que los estudiantes vendían en los cruces y en los semáforos para poder pagarse los viajes. Ahora que soy adulto activo puedo decir que algunas veces tuve que curar algunas heridas que se hacían en las manos por las cuerdas de los paquetes, sí, y a pesar que les pedíamos que llevaran guantes.

Pero entonces yo no “fundé” nada y mucho menos otros voluntarios de la primera hora. Seguíamos siendo profesores y estudiantes de periodismo y, poco a poco, de otras muchas facultades de la UCM, con el siempre ánimo entusiasta de nuestro Rector Gustavo Villapalos, como luego y hasta la fecha han seguido haciéndolo todos los Rectores que le sucedieron, fueran de las ideas políticas que fueran. Muchos de ellos dieron charlas a modo de “apertura de curso” en las aulas de los sábados en el CP de Soto del Real y hace unas semanas Vargas Llosa en otro CP atendido por los voluntarios de Solidarios. Así pasaron y siguen pasando actores, actrices, escritores, astrónomos, novelistas como Juan José Millás, Rosa Montero, jugadores de fútbol como Butragueño, y un largo etcétera, que muchas veces sobrepasaba con creces las charlas en Colegios Mayores según decían sus colegiales.

Fue años después, cuando el Presidente del CELAM, mi buen amigo Darío Castrillón, obispo de Pereira en Colombia, cuando comenzamos a viajar en grupos de 3 o de cuatro “los que cupieran en un taxi”, cuando ante el número creciente y los indudables peligros a los que nos exponíamos, cuando quise contratar una póliza de seguro flotante que cubriese todas las necesidades de los voluntarios sociales durante los veranos que pasábamos en esos países, más de un centenar, y me dijeron que debería contratar el seguro una entidad jurídica. Por eso nos inscribimos en el Ministerio correspondiente para ser reconocidos como asociación civil de acuerdo con la ley de 1964, creo recordar, y tuve que inventar el nombre de “Solidarios para el Desarrollo”, con cierta reconvención de mi gran maestro e inolvidable amigo Raimon Panikkar que me dijo, muy suavemente, “¿de qué desarrollo?”.

Nunca lo olvidé. Y así nació la primera organización de la sociedad civil no religiosa, ni médica, ni política, que desde entonces no dejó de acudir a los centros penitenciarios de Segovia, Soto del Real, Navalcarnero, Valdemoro, y después a los de Sevilla, Granada, Palma de Mallorca, etc. con la gran ayuda de la entonces Secretaria General de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, y así fue cómo sucedieron las cosas. Y un ejemplo de la oportunidad de crear una asociación fue, que ese mismo verano un enloquecido drogado mató con una absurda cuchillada a uno de nuestros voluntarios, recién graduado en Derecho de Valencia, mientras estaban jugando al baloncesto con otros voluntarios y jóvenes de aquella selva del Chocó.

¿Se imaginan cómo hubiera podido sacar a ese generoso amigo de la selva y devolvérselos a sus padres, si no hubiera sido por la póliza con Mondial Assistance?

En fin, ya tengo casi 81 años y estoy jubilado pero sigo entregado de lleno, con arreglo a mis capacidades, a luchar por un mundo mejor, más solidario, más justo, más humano, más respetuoso con el medio ambiente y en pro de una auténtica y sana educación con los medios apropiados para una paterno/maternidad responsables, sin mitos ni sucedáneos propios de sectas o de costumbres inadmisibles en un mundo que ya ha alcanzado los siete mil quinientos millones de habitantes; lo que constituye la más mortífera arma de destrucción masiva en los países empobrecidos, explotados y tratados como “recursos humanos”. Lo prueba que en los países en los que las mujeres tienen idénticas posibilidades en educación, puestos de trabajo y de dirección, así como en igualdad de retribuciones que los hombres…, no existen más problemas demográficos que el crecimiento de la población envejecida, que merece toda la atención de la sociedad y de sus elegidos gobernantes.

Digo todo esto porque se corre peligro de destrozar y de poner en cuestión una actividad inmensamente justa, generosa, eficaz e imprescindible desde que algunas de esas asociaciones se dejaron llevar por los excesos de las multi y transnacionales con formas de actuar, propias de un capitalismo salvaje e inhumano.

Que se analicen, que se corrija, que se expulse a los responsables de los errores y de los abusos con todo el peso de la ley, pero con el derecho a la legítima defensa, para que no caigan justos con sinvergüenzas. Pues es exponencialmente mayor el número de personas generosas, íntegras y solidarias que el de miserables que no han respetado las reglas del juego. No vayamos a arrojar al niño con las aguas de la bañera.

José Carlos Gª Fajardo, Fundador de Solidarios para el Desarrollo y Profesor Emérito de la Universidad Complutense.

(Publicado en El Envés  23 de febrero de 2018)