Un soplo de libertad cada semana

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El sábado pasado cumplí 15 años como socio y voluntario del Aula de Cultura de Solidarios para el Desarrollo en el Centro Penitenciario Madrid III de Valdemoro. Fue una mañana especial, no por el aniversario, sino porque las sensaciones que viví durante la actividad me transportaron a mi primer día de voluntariado del año 2000, qu viví junto a Silvia, Carmen, Alberto, Corina y David.

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El sábado nos acompañó el actor y músico Fran Perea, que generó la expectación que  siempre se origina cuando viene alguien relevante en el mundo de la cultura, como ocurrió con la pareja musical Ella baila Sola en mi primer día de voluntariado.

Fran comenzó el día rodeado de voluntarios en nuestra habitual quedada con el resto de grupos de voluntarios de otros centros penitenciarios en el Mercado de Moncloa. En este networking voluntario, como lo llamamos con humor, compartimos el café y un rato ameno para ponernos al día y conocer a los invitados de las aulas de cultura de los centros de Soto del Real y Navalcarnero.

Comprometido con la cultura, Fran Perea no dudó en aceptar nuestra invitación para participar en el aula cuando le dijimos que nuestro objetivo es crear un espacio de espacio de reflexión, cultura y enriquecimiento mutuo que den al interno más confianza en sí mismo.

En el trayecto en coche se interesó por el sentido de esta actividad. Le convenció escuchar que, desde nuestra perspectiva, la privación de libertad en un centro penitenciario es un proceso personal que causa profundos daños en la persona que lo vive. Si comentes un delito tienes que “pagar por ello”, pero se necesita un programa de reinserción en la sociedad. En la actualidad, no creo en la función rehabilitadora y en la reinserción del Estado con las personas que cumplen condena.

Una vez dentro, los internos acogieron con interés a nuestro invitado. “¿Tu eres el de B&B?”, “eres el de los Serrano, ¡yo me enganché un montón a esa serie!”, le repetían… El actor no decepcionó y empezó fuerte su charla: “Es la primera vez que entro a un centro como este y también la primera vez que doy una charla sobre mi, sobre mi carrera. Mi sensación es que la charla me la deberíais dar vosotros a mí, seguro que tengo más que aprender”, confesó.

Narró su trayectoria profesional desde sus inicios en su Málaga natal a su traslado a Madrid para buscar suerte. Entre los momentos más simpáticos fue el de su primer trabajo, un anuncio de Arroz Brillante y las primeras participaciones en cortometrajes: “No sé si me llamaban porque era buen actor o porque tenía una Renault Express y me llamaban para hacer los portes de producción”, dijo con humor.

También habló del éxito; de los pros y contras que tiene la fama: es bueno, sí, pero no puedes acostumbrarte porque no dura siempre y cuando no lo tienes no puedes pensar que no eres nadie, tú eres tú siempre, y tienes que saber lo que buscas”, aseguró. También habló de sus proyectos musicales, de la canción dedicada a las víctimas del 11M La mirada de María.

Si comentes un delito tienes que “pagar por ello”, pero se necesita un programa de reinserción en la sociedad. En la actualidad, no creo en la función rehabilitadora y en la reinserción del Estado con las personas que cumplen condena.

“Conozco esa canción, es muy bonita, no sabía que era tuya…”, comentó un interno.

Fran cerró su charla hablando de teatro y la última obra que representa, Feelgood: “soy actor gracias al teatro, primero fui espectador y después decidí ser actor. El teatro es un momento irrepetible y es un acto colectivo, necesita al público. Como actor aspiro a transmitir emociones y a que la gente se marche a casa con algo, que le quede, que le cambie, le transforme. Desde el teatro se puede comunicar un mensaje, es más transcendental que la televisión”, indicó.

Fran recibió un aplauso enorme al finalizar y el agradecimiento de los internos por pasar la mañana compartiendo sus experiencias. A la salida, ya solo le quedaba tomar unas cervezas con los voluntarios, tal vez la parte más difícil del día… “Misión cumplida”, le dijimos.

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En el aula se creó ese clima animado que le da valor a esta actividad. La privación de libertad es una situación muy dura pese a la imagen superficial que se ofrecen en los medios. Para muchos internos el aula de cultura es su soplo de libertad semanal, es algo que esperan durante toda la semana porque les hace olvidar por unas horas la dura rutina carcelaria.

Ya de vuelta en el coche, como si de la letra de una canción se tratase, hablamos de segundas oportunidades. Todos tenemos derecho a ellas. Aunque hayas cometido un delito y cumplas una condena por ello. Recordamos la intervención en las conferencias TEDex Madrid de Gerson García, una persona que participó en nuestra aula de cultura como interno en el centro penitenciario de Soto del Real y que habló de la importancia de que todos tengamos una segunda oportunidad.

“Yo también, Gerson”.

Enrique Marí
Periodista y voluntario
Twitter: @quiquemari